Quizás no sea la vida en la ciudad la que hace que mi alma chirríe, como las bisagras de una vieja puerta, si no simplemente, la vida en general y la mía en particular.
Después de recibir muchos palos, algún que otro botellazo, te rompan varios huesos y te destrocen continuamente el corazón, comienzas a plantearte seriamente la pregunta eternamente formulada por el ser humano, ¿que coño echan hoy en la tele? …No, espera, que esa no es, ¡joder como estoy hoy!, la pregunta es esta ¿que coño hago yo aquí? Ahora si. ¡Toma ya! A veces te lo preguntas y te quedas tan tranquilo, la vida sigue y hasta consigues dormir por las noches a moco tendido. Pero otras veces, algo dentro de ti vibra, te hace estremecer y genera una reacción en cadena que ya no hay Dios que lo pare.
¡Me largo! Tengo que huir. Tengo que buscar un sentido a todo esto.
¡Hala! ahí os quedáis con: el ruido, el estrés, los agobios, las malas caras, los reproches, las peleas, el sexo mendigado, los horarios, la tele basura, los sms, los recibos, las letras, la comida rápida, el sexo rápido, la familia, los amigos, los enemigos, los indiferentes… ¡ahhh!, un momento que cojo aire… los vecinos pesados, las visitas a la peluquería, las cenas de compromiso, las bodas, los atascos, la polución, las malas amantes, los orgasmos fingidos, las borracheras, los garitos donde se te pegan los pies al suelo, la mala música, las palmaditas en la espalda con el cuchillo entre los dientes, el odio, la envidia y los jinetes del Apocalipsis. ¡Ahí os los dejo!
A veces, Platon se cruza en mi vida y me comenta aquello de salir de la cueva de las sombras y ver la realidad de la vida. Siempre me repite lo de dejar de vivir una ilusión y asomarme a la realidad, pero no es tan fácil. Llevo muchos años encostrado en esta realidad de placeres y tormentos. Llevo mucho lastre, muchas cuerdas que me atan. Muchos sentimientos que me unen a los demás. Debo ser valiente y escapar. ¡Soledad allá voy!
Me dirijo hacia la libertad, el aire limpio, las verdes praderas, los horizontes de tranquilidad, la suave brisa de la montaña acariciando mi rostro, el lento transcurrir del tiempo, el ayuno, la dieta a base de lo que pille. Vida de ermitaño, rebuscando constantemente en mi interior, para encontrar en vida el nirvana, el paraíso, el cielo o el infierno. Me esperan eternas jornadas de lectura placida. Días interminables de pensamientos profundos. Largas noches de deseos insatisfechos.
¡Hostia que chungo!
No sé si podré aguantar tanta soledad conmigo mismo. Mejor lo dejo para otro día.





